JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN TÁNGER

Juan Eulogio y familia este año veranean en Tarifa.

¡Porque ellos lo valen!

A propuesta suya y aprovechando la gran frecuencia de ferrys que hacen el trayecto, deciden pasar un día en Tánger. A Paqui, su señora, sin que sirva de precedente, le ha parecido buena idea dejarse impregnar, aunque sea un día, por el embrujo árabe. Así que a primera hora se han presentado en el puerto de Tarifa para tomar el ferry hacia el exótico destino.

Los niños están porculeros por el madrugón, pero la que está verdaderamente insoportable es la cucaracha, que con tal de no quedarse sola en el apartamento se ha visto obligada a acompañarles. Eso sí, el precio que está pagando Juan Eulogio escuchando sus interminables lamentos, le ha hecho en más de una ocasión, pensar en desistir de la idea.

¿Pero qué se nos ha perdido en Marruecos?… ¿Y si se hunde el barco?… Con lo bien que estamos en casita… A quién se le ocurre semejante idea…

Paquita, que a veces se hastía con la actitud de su madre ha zanjado la cuestión con un seco ¡Si no te gusta te puedes quedar con los niños en el apartamento, mamá!

La señora que es algo floja, como dicen en la tierra, no tiene ganas de quedarse al cuidado de los infantes, así que, por la cuenta que le tiene, cierra la boquita.

La travesía, que habitualmente suele ser de unos cuarenta minutos, hoy ha durado el doble. El viento de Levante está levantando unas olas considerables que a punto han estado de hacer suspender el viaje. La monótona banda sonora del viaje han sido los interminables lamentos de la “señá” Virtudes, que se ha estado quejando durante todo el trayecto. A punto han estado un par de marineros de tirarla por la borda, desesperados por escuchar a tan cansina señora.

Tras casi hora y media de balanceo inmisericorde, por fin el ferry atraca en el puerto de la ciudad marroquí.

A causa del terrible mareo la familia al completo ha echado por la borda de estribor, hasta la primera papilla. Todos lucen en las comisuras de sus labios un reguero seco que da fe del mal rato que han pasado.

Cruzan la pasarela que da acceso al muelle con muy mal cuerpo, pero Juan Eulogio lo da por bien empleado viendo a su suegra medio doblada agarrada a uno de los pasamanos. Desde hace un buen rato ya no se la oye ni la menor queja. Bastante tiene con intentar mantenerse en pie.

La familia se adecenta como puede en unos servicios públicos que hay al lado del control de pasaportes y deciden compensar el mal rato vivido con una visita rápida a la interesante ciudad.

La Medina, las mezquitas los comercios, el conjunto… todo precioso. Pero lo que más les impresiona es un pequeño zoco en las estrechas calles de la kasbah donde se vende de todo. La familia se detiene en un puesto de especias regentado por un añoso lugareño vestido con una chilaba hasta los pies y tocado con un Fez rojo, cuya borla se agita con cada aspaviento cuando el susodicho enfatiza regateando precios.

El vendedor deja de vocear por un momento cuando Paquita y su madre se asoman al puesto. Su espeso bigote negro ha dejado de moverse a causa de la impresión que las damas le han causado.

Ni corto ni perezoso el vendedor llama la atención de Juan Eulogio hablándole en árabe. Al cabo de un rato en el que Juan Eulogio está poniendo cada vez más cara de gilipollas, por fin, el señor le chapurrea en un español extraño.

—Ti compro señora

—¿Cómo? – dice Juan Eulogio ofendido y señalando a Paquita- esa es mi mujer y no está en venta ¡De ninguna manera!

—Qui no – ríe el hombre mirando a su suegra y mostrando varios huecos en su maltrecha dentadura- ¡qui ti compro hirmosa huri con bigote!

Por un momento, a Juan Eulogio le brillan los ojillos pensando en el buen negocio que haría si accediera a tal petición. Echa una mirada a la cucaracha, se siente poderoso. Pero echa una mirada a Paquita y  se siente un insignificante gusano.

Tras unos tensos momentos de duda y cavilación decide declinar la oferta por la cuenta que le tiene.

Maldice su perra suerte al no poder hacer realidad el sueño de su vida desde que la conoció. Oportunidades como esta no se presentan más que una vez en la vida…

Un par de pasos más atrás la cucaracha exhala un hondo suspiro de alivio.

Juan Eulogio mientras se aleja de aquel puesto no deja de mascullar entre dientes

¡Mierda de oportunidad! ¡Mierda de Tánger! ¡Mierda… de vida!

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6 respuestas a JUAN EULOGIO Y FAMILIA EN TÁNGER

  1. La tenia que haber cambiado por un par de camellos, seguro que no tarda en arrepentirse.

    • cmacarro dijo:

      Es un personaje complicado que se debate entre el odio a la cucaracha y el miedo a su santa. Camina por el filo de la cuchilla pero cualquier día…

      • No por dios que al final acaba en la cárcel, entre lo del coche de cuando fueron a esquiar y esto..

      • cmacarro dijo:

        Igual en la cárcel Juan Eulogio es más feliz siendo la “chica” del matón que está condenado a 15 años y está más salido que un mandril.

  2. Nieves dijo:

    Dudar una milésima ya es dudar demasiado, mala idea jejejeje. Mola esta historia, cada vez mas! 😀

  3. cmacarro dijo:

    Gracias maja. Ante la duda… la más tetuda.

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