JUAN EULOGIO Y FAMILIA: UN DÍA DE CAMPO I

Que por Mayo era, por Mayo, cuando hace el calor…

Mayo ha llegado exuberante.

Tras un pestoso mes de abril, haciendo honor al refranero (En Abril, aguas mil) en el que apenas han podido salir de casa, y la tensiones se han acentuado, ha salido el sol por varios días y la naturaleza ha eclosionado en una explosión de colores y sonidos como no lo hacía en muchos años. El campo tiene un fondo verde (que no durará mucho… que para eso estamos en la meseta y vendrá el verano con la caló…) y está salpicado de rojos, amarillos, violetas… Pareciera que el arcoíris ha caído a la tierra pintándola de todas las formas posibles.

Las alimañas (los animalitos) parecen haber despertado del letargo invernal y por todas partes se ven indicios del aumento de su actividad. Sobre todo en el coche de Juan Eulogio, que aparcado bajo los árboles se ha convertido en un muestrario de heces de toda suerte de pajarillos, pequeños cagones alados.

Juan Eulogio, al igual que su familia, al igual que las alimañas del campo, siente con los primeros calores de la temporada un desasosiego en los entresijos, una sensación que los tiene en continua excitación. Es la primavera, que tras pasar por el Corte Inglés, también les ha llegado a ellos.

Todos estos primaverales síntomas se acaban concretando en una tradición que este año tampoco ha de faltar a su cita.

­-¡Mañana nos vamos a pasar el día al campo! –Ha gritado enaltecido Juan Eulogio, rebosante de feromonas que por algún lado han de desbordarse y… ya que el sexo es escaso ¿Qué mejor sustituto que respirar el aire campestre ahora que el tiempo se presta a ello?

La propuesta, como no podía ser de otra forma, ha sido aplaudida con entusiasmo por el resto de la familia (Incluida la “señá” Virtudes, la Cucaracha, la suegra de Juan Eulogio, que en ese momento de revelación se encontraba merendando con su hija Paquita. Layesi y Elyónatan, tras manifestar su alegría brincando y gritando cual cabritillas en el monte, han corrido a prepararse la mochila con lo que consideran imprescindible para llevar al campo: Las Nintendo.

Los preparativos no tienen ningún misterio para esa familia acostumbrada a memorables ingestas campestres. Mesa de camping, sillas y tumbonas, la nevera, la comida (Tortilla de patatas, filetes empanados, una ensaladilla rusa…) A última hora de la noche todo ha quedado preparado para la salida al día siguiente no muy tarde.

Todos se han ido a la cama excitados y a duras penas han conseguido conciliar el sueño.

 

A las siete de la mañana ha sonado el despertador y Juan Eulogio y Paquita se han levantado de un salto de la cama. Mientras Paquita se encargaba de los niños, Juan Eulogio ha ido llevando bártulos al coche y le ha dado un agüita al parabrisas al menos para poder ver, porque los pajarillos esta noche se han cagado con verdadera inquina todos en el mismo sitio. Juan Eulogio ha torcido un tanto el gesto.

Tras una horita espabilando a los nenes han subido todos al coche y se han marchado a buscar a la cucaracha, que como es tradicional en ella, perra como ninguna, han encontrado en la cama, completamente dormida.

Otra horita esperando en la calle con el coche en marcha hasta que la “señá” Virtudes ha aparecido por el portal, bostezando pero ya en el mundo de los despiertos. Juan Eulogio le ha lanzado una miradita fulminante que ha conseguido acojonarla un poco. Paquita no ha intercedido esta vez por ella porque estaba un poco jodida con el madrugón infructuoso. La mueca de malestar de Juan Eulogio es ahora más patente, casi permanente.

Son las diez y media cuando enfilan la A2 camino de Guadalajara, donde se desviarán hacia Tamajón y desde allí al río Sorbe, su destino final.

Nada más salir de Madrid, han tenido que parar en una gasolinera porque la cucaracha se estaba meando, pues la mujer, con la edad, se muestra un poco incontinente. Juan Eulogio tamborilea con los dedos en el volante con un tic nervioso en el ojo derecho, su ojo vago.

En cuanto la carretera se ha comenzado a ondular un poco, Layesi, que tiene el estomaguito delicado, se ha mareado y ha echado una pota de dimensiones considerables en los asientos traseros. El olorcillo les ha ido trastornando a todos que, uno por uno y por simpatía, han ido echando hasta las primeras bilis. Todos menos Juan Eulogio que era el que conducía y ha conseguido aguantarse, aunque no ha sido por falta de ganas… El ambiente dentro del coche se ha enrarecido con los ácidos estomacales de los “potantes”.

Han podido parar finalemente en una gasolinera por el camino y entre Juan Eulogio y Paquita han adecentado en la medida de lo posible el habitáculo con los escasos medios con los que contaban. La cucaracha se ha vuelto a bajar a mear. Juan Eulogio está crispado y muy tenso. Paquita no se atreve a decirle nada por evitar la trifulca.

Juan Eulogio tiene revueltas las tripas pero aguanta como un machote y tras un par de horas de un trayecto, que de normal se recorrería en la mitad de tiempo han llegado a su destino.

¡Medio Madrid ha tenido la misma idea que ellos! Y a lo que se ve, han madrugado más, porque son pocos los sitios con un poco de sombra que ya quedan libres a lo largo del río.

Juan Eulogio estalla con un sonoro ¡Me cago en Ros! Y reza una oración en voz baja (al menos esa es la impresión que da, aunque la realidad es otra bien distinta)

¡Mierda de viaje! ¡Mierda de campo! ¡Mierda… de vida!

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2 respuestas a JUAN EULOGIO Y FAMILIA: UN DÍA DE CAMPO I

  1. Nieves dijo:

    Demasiado bien ha ido para ser quienes son…. Hasta se podría decir que ha estado de lujo 😀 Besitos!!!

  2. cmacarro dijo:

    ja,ja,ja gracias por leerlo

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