Elucubraciones de un borderline

Cuando  era pequeño, que lo fui hace ya muchas lunas a tenor de lo dura que se me ha puesto la epidermis del escroto, alucinaba con las novelas o películas futuristas donde se nos auguraba toda una serie de “alantos tésnicos” que los años venideros nos habrían de traer para uso y disfrute del afortunado morador del mundo futuro.

Los cineastas, escritores y visionarios en general auspiciaban toda una retahíla de aparatejos que habrían de hacer al ser humano la vida mucho más cómoda, zapatos voladores, ordenadores super inteligentes y serviciales que estarían continuamente engordando nuestro ego, viajes interplanetarios para todos los bolsillos, alta cocina en píldoras comprimidas fáciles de manejar, transportar y digerir, elixires de la eterna juventud, sexo sodomagomorriano, tiempo libre a raudales porque los dóciles robots fabricados a tal fin se encargarían de todo el trabajo duro permitiendo dedicarnos a la vida contemplativa….

Entre los muchos, muchísimos inventos e innovaciones por llegar se citaban, en el tema de las comunicaciones, artilugios cada vez más diminutos (incluso invisibles porque se acabarían implantando en el cuerpo) que nos iban a ayudar a comunicarnos con total fiabilidad y, sobre todo, discreción, entre dos puntos situados en cualquier parte del mundo ¡E incluso del Universo!, “intercomunicadores conversacionales” (teléfonos) diminutos de grandes prestaciones que podrían llevarse (portarse, aunque la portabilidad ahora es otra cosa)en cualquier sitio.

¡Pero algo ha debido torcerse en el camino!

En lugar de miniaturizar los teléfonos ahora vamos con smartphones, tablets y similares de tamaños desaforados metidos en fundas que más se asemejan a los blocks de anillas que usábamos cuando íbamos al insti que a otra cosa.

La imagen de todo el mundo, hablando (o wasapeando, que es un palabro recién horneado) en la calle con un teléfono que abulta lo que una tortilla de patatas de seis huevos se impone a la lógica futurible.

 

Sí. Mi instinto de explorador Sioux me dice que este plan tiene lagunas…

Sin en cambio, que diría un ilustrado que conozco convencido de que llevar corbata da caché y clase, tamaña exageración técnica no nos ha servido para mejorar la calidad de las comunicaciones. O dicho de otro modo ¡Hay que ver la sarta de gilipolleces que se pueden llegar a decir a través de las ondas electromagnéticas! El autismo smartphonónico ha crecido de un modo alarmante provocando situaciones que no por ser tristes dejan de ser hilarantes, aunque eso… es otra historia

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4 respuestas a Elucubraciones de un borderline

  1. Esto me hizo recordar cuando allá en los 80 se pusieron de moda los Radiocassetes gigantes y los llevaban los “Breaker´s” al hombro “pallá y pacá” a un volumen ensordecedor y con el Sintasol a cuestas…

  2. cmacarro dijo:

    Es verdad, Alberto. Es un poco como las competiciones de a ver quién la tiene más grande.

  3. Dessjuest dijo:

    Lo curioso es que al principio sí que eran más y más pequelños, los móviles, la competencia era a ver quién los hacía más enanos, luego claro, al revés, al final volverán aquellos móviles que había que llevar en un maletín 😀

  4. Nieves dijo:

    Pues eso que si antes llevábamos ladrillos ahora llevamos azulejos, ¿tendrá algo que ver con la burbuja inmobiliaria?
    Besos.

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