Un aperitivo de ¡Olé mis cojones!

Así comienza la historia de un valiente, un héroe del pueblo ¡Un machote!

¡Olé mis cojones!

 

UN MADRUGÓN ACCIDENTADO

 

 

 

 

La mañana (No la de Grieg sino la mía)

Seis y diez de la madrugada. 6:10 AM para los que usen reloj digital. No es un mito, en serio, esa hora existe de verdad. Suena la radio despertador. Tras unos segundos de desubicación mental soy capaz de coordinar lo suficiente mis músculos como para alargar el brazo y, a tientas, pulsar el botón “snooze”, cuya traducción del inglés viene a ser, sustantivo arriba, sustantivo abajo “Quiero pero no puedo porque tengo la mala costumbre de comer garbanzos y esos hay que pagarlos con el sudor de la frente”, y que retrasa momentáneamente la tragedia de tener que echar pie a tierra a esa hora tan intempestiva.

Pero lo que tienen las soluciones temporales es precisamente eso, que son temporales.

Seis y cuarto de la mañana. 6:15 AM para los del reloj digital. La puñetera radio vuelve a sonar inundando la hasta ahora silenciosa habitación con los alaridos del locutor de turno. Es justo en este momento cuando algo más espabilado por la segunda andanada sonora tomo una decisión que es fruto, como dije al principio, de un carácter arrojado y valeroso: Apago completamente el maldito aparato ¡Sí señor! del todo. Ahí, tomando los primeros riesgos del día. Y lo hago plenamente consciente de que ahora no tengo red pero seguro de que no voy a quedarme dormido porque ya estoy medio despierto y sobre todo porque…yo controlo y soy la rehostia. Primer acto valeroso del día fruto de una seguridad inusitada en mí mismo.

Siete y veinte de la mañana. 7:20 AM para… bueno, eso.

¡Me cago en su puta madre!

¿Cómo puede haber ocurrido? ¡No puede ser! ¡Me he dormido! Como un resorte salto de la cama con la cara desencajada y el sueño que se me ha quitado de golpe. En mi cerebro comienza a resonar cansino el tema musical “Yakety sax” [1]. A oscuras, procurando no molestar a la contraria que aún duerme plácidamente, doy vueltas y más vueltas por la habitación buscando la ropa para vestirme porque no he tenido la precaución de dejármela preparada la noche anterior. Vuelvo a la altura de la mesilla donde me he dejado los calcetines tirados por el suelo y que pienso reutilizar con la impunidad que me proporciona la oscuridad. Voy a la percha para coger una camisa que no huela mucho a sudor. Vuelvo a la mesilla para encender la luz porque no veo un pijo.

Escucho un gruñido lastimero que inicialmente me asusta hasta que caigo en que su origen es mi costilla [2] que continúa dormida ¡Menos mal!

Tantas idas y venidas me suponen un riesgo espantoso que no por ser inconsciente es menor. Mi cama tiene un cabecero de diseño y unos pies a juego con unas aristas también de diseño con más filo que la lengua de Jorge Javier Vázquez después de cinco mojitos y mi rodilla ha pasado a dos centímetros del pico cada vez, como un torero que se arrima al morlaco echándole coraje. Pero claro, tanto va el cántaro a la fuente… En la última pasada le pego un rodillazo al pico de la cama que me deja la pierna de rodilla para abajo con un hormigueo insano y un dolor intenso en la rótula que se me queda paralizada. Me da la sensación de que me la he partido. No grito por no despertar a mi mujer pero a cambio se me caen de los ojillos unos lagrimones del ocho. Cojeando y cagándome mentalmente en todos los dioses salgo de la habitación a medio vestir. El señor tenga en su gloria al lumbreras que diseñó la puta cama. También tengo un par de segundos para lamentar mi gilipollez de snob trasnochado al comprarla, claro.

Entro al baño para darme un agüita en la cara. Me miro al espejo y lamento no haberme afeitado por la noche. Como no puedo presentarme en el trabajo tarde y mal afeitado decido perder cinco minutos, que no tengo, para hacerlo. Cojo mi maquinilla de tres hojas superdeslizantes y veo que está llena de pelánganos negros y espesos. La inconsciente de mi mujer ya la ha usado para afeitarse las piernas y siempre que lo hace me deja la cuchilla para el arrastre. Voy a buscar un recambio y ¡Mierda! se me han acabado. Nuevo riesgo a afrontar por parte de un espíritu temerario como el mío: Afeitarme con una cuchilla que ha pasado la dura prueba de depilar las piernas de mi querida mujer. Me extiendo la espuma con cierta premura y paso la maquinilla desde la patilla hasta la golilla, de un tirón. Tarde, me doy cuenta de que una de las hojas tiene una rebaba de golpearla contra la bañera para limpiarla de pelos. Ahora luce en toda mi cara un arañazo profundo y sangrante cual pirata del Caribe mal encarado. Decido no continuar con el afeitado y salir a la calle de esta deplorable guisa, a medio rasurar y con una herida en la cara. Al menos detengo la hemorragia con un chorrito de colonia “Eau de Mercadon” y cubro el arañazo con un buen trozo de papel higiénico “Bosque Verde” [3] ¡Qué le vamos a hacer!

Pero no puedo empezar la jornada sin echarme algo caliente al cuerpo, así que me pongo manos a la obra con el desayuno, aún a sabiendas de que estoy dilapidando un tiempo precioso. Es la comida más importante del día ¿No dicen eso los dietistas?

Además, el sabio refranero español, rico e ingenioso como ningún otro, reza para casos como este un dicho fantástico: “De perdidos al río”.

Así que…¡Al río!

[1] Para el que no lo conozca por el nombre es la banda sonora que se utilizaba en el show de Benny Hill cuando había carreras y persecuciones

[2] Esposa.

[3] El autor es habitual de una conocida cadena de supermercados.

 

 

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7 respuestas a Un aperitivo de ¡Olé mis cojones!

  1. Angelika BC dijo:

    Me recuerda cuando yo fichaba a las 7:00 (7:01 era motivo de despido) El primer despertador sonaba a las 5:30 tres veces cada 10 minutos. Y el quinto despertador lo ponía lejos para obligarme a levantarme. Como estaba lejos no lo oía pero me despertaba el vecino gritando “¡Ya está el puto despertadorcito de todas las mañanas, joder!” . Este libro me falta, será mio.

    • cmacarro dijo:

      Ja,ja,ja. Es el primer momento de tensión psicológica del día. Ni si quiera una pinícula de miedo te pone tan tenso.Gracias por tu comentario y tu entusiasmo.

  2. Emy Tecuento dijo:

    El libro entero no tiene precio!! 😀 Y no me refiero al monetario, ¡sino que es buenísimo!!

  3. sólo puedo decirte dos palabras… im – presionante!!

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