LOS PECADOS CAPITALES DEL CONDUCTOR ESPAÑOL: LA LUJURIA

Los pecados capitales se manifiestan en todos los ámbitos de la vida. Los españolitos semos buenos ejemplos de todos y cada uno de estos vicios. No nos queda otra que aceptarnos como semos. Pero me voy a centrar en el mundillo de la conducción en Ep-paña porque, a nada que lo analicemos un poco, reúne innumerables ejemplos de cada pecado.

LA LUJURIA

Este pecado capital impregna muchas de las acciones que como conductores realizamos a lo largo del día.

Imaginémonos que circulamos a 120 kmh en una autovía de dos carriles. Vemos a lo lejos que el carril de la derecha, por el que vamos circulando nosotros, está ocupado por un camión que va más despacio. No problemo. A 500 metros del obstáculo ponemos el intermitente de la izquierda y, viendo que no viene nadie por detrás, nos pasamos a este carril para poder rebasar al camión sin tener que aminorar la marcha. Para eso están las autovías ¿O…. no?

Pero mira tú por dónde cuando te quedan 10 metros para llegar a la altura del camioncito observas con pavor y verdadero acojone que el conductor a la vez que ha dado el intermitente de la izquierda ha pegado un volantazo e invade el carril de la izquierda echándote encima aquella mole de hierro y cortándote el paso. Te recuerdo que es por donde tú vas circulando a bastante más velocidad que él. Por el rabillo del ojo ves que la causa de esa salvaje maniobra es que un segundo camión circula por el carril de la derecha a una velocidad más lenta que el primero. El conductor de este, ni corto ni perezoso, decide esquivarlo echándose a la izquierda sobre ti. Presa del pánico lo único que te da tiempo es a pegar un frenazo y clavar los cuernos (es sólo una forma de hablar, que nadie se sienta identificado) contra el cristal del parabrisas de tu coche.

Cuando tú te has rehecho del susto y el primer camión ha completado el adelantamiento suicida del segundo, lo primero que se te ocurre es colocarte por delante del camión de marras y dejar que se acerque a unos 15 metros. Repartes una mirada sanguinolienta entre la carretera y el espejo retrovisor. Llevas al camión  pegado a la espalda de un modo casi lujurioso (a decir de algunos, que en cuestión de sexo todo se acepta)  durante muchos, muchos metros, y cuando más tranquila está la cosa, de repente clavas el pié en el pedal del freno y observas por el retrovisor la cara de gilipollas que se le queda al camionero al darse cuenta de la putada que le acabas de hacer. Mientras el camión empieza a hacer la tijera tú bajas la ventanilla y le sacas una mano con el dedo corazón apuntando hacia el cielo con un mensaje claro y contundente: Que el cabrón del camionero se siente encima y pegue botes. ¿Es o no es eso lujuria?

¿Y qué decir de la supuesta leyenda urbana conocida de todos los conductores y los que no lo son?

Me refiero a la famosa “Chica de la curva”.

A ver, las leyendas urbanas evolucionan con los tiempos, deben adaptarse a la realidad actual. Hoy en día la chica de la curva, en vez de en la curva suele aparecerse en la rotonda, y en vez de presentarse vaporosa y etérea en el asiento del copiloto suele golpear con los nudillos la ventanilla desde fuera, y en vez de decirte con siniestra voz fantasmal “Ten cuidado, que yo me maté en esta curva” para acto seguido desaparecer y dejarte jodido, ahora te dice con acento extraño “¿Quierres eshá un porvo?  Son 50.

Pero la historia es la misma. Es una historia, sobre todo, lujuriosa porque también en estos casos sueles acabar jodido.

Y como último ejemplo, y no por ello menos lujurioso, ese conductor que, en una recta de 2 kilómetros de una carretera comarcal limitada a 80 kmh ha decidido poner a prueba a todo el ganado equino de su motor y circula a 170 kmh, cortando el viento, como mi jaca, la de la copla. Pero cuando pasa al lado de unos arbustos se da cuenta, tarde claro,  de que detrás había un coche camuflado de la guardia civil con un radar con cámara fotográfica que inmortaliza en momento cazándole como a un pipiolo. ¿Acaso no es lujuria ponerse en el pellejo de ese cafre que en ese momento no le queda más remedio que darse por follado hasta el corvejón?

Hay muchos más ejemplos, por supuesto. Pero queda demostrado que entre los conductores es muy común incurrir en el pecado de la lujuria.

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4 respuestas a LOS PECADOS CAPITALES DEL CONDUCTOR ESPAÑOL: LA LUJURIA

  1. Maria dijo:

    Mira que son especiales los conductores, suerte que no tengo carnet

  2. Nieves dijo:

    Si lo sabre yo jajajajaja

  3. cmacarro dijo:

    Nos volvemos lujuriosos en el coche, ¡Ya te digo!

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