¡MENOS DA UNA PIEDRA!

Una atípica historia de amor o quizás de desesperación.

El fuerte viento de levante que había estado soplando durante todo el día se había convertido con la caída gradual de la tarde, en una ligera brisa, aplacando el furor de las olas hasta dejar la playa en la más completa calma. No hacía más de diez minutos que el sol comenzara a ocultarse tras las cumbres de las montañas cercanas alineadas a espaldas de la costa y sólo quedaban ya unos pocos reflejos anaranjados en el agua huyendo de la orilla a medida que eran perseguidos por las alargadas sombras de las moles rocosas.

El azul brillante del cielo perdía intensidad paulatinamente y se oscurecía, más cuanto más al este, acercándose sin prisa a esos cinco minutos mágicos en los que se funde en el horizonte con el color del mar, sin quedar claro dónde acaba uno y donde empieza el otro, cuando el ánimo queda sobrecogido por ese milagro diario del atardecer en el Mediterráneo.

Jorge, sentado sobre la arena se agitaba incómodo a un lado y a otro como si tuviera el baile de San Vito. La razón no era otra que su trasnochado y minúsculo bañador tipo slip, ridículamente pequeño por donde se le colaba la arena provocándole irritantes picores. La talla del bañador nunca varió con los años, pero la de Jorge creció a la par que su vanidad y su obstinación en negar la evidencia. Por detrás, la exigua prenda cubría sólo una mitad y dejaba al aire la otra, sin poder delimitar si era el “cu”, o era el “lo” la peluda parte que asomaba fuera. Por delante una prominente barriga le caía en cascada hasta casi el inicio de sus escuálidos muslos. Una profunda y permanente marca de calcetín rodeaba sus jilgueriles canillas dando un toque ornamental a aquella figura quijotesca. Incapaz de soportar más el picor decidió incorporarse y esperar a Marta de pie estirando disimuladamente aquel diminuto taparrabos, que por una sencilla ley física acababa menguando en el lado opuesto a donde recibía el tirón, dejando asomar sus precarios atributos.

Marta, su novia en el barrio hacía muchos años era una delicada preciosidad. Por circunstancias de la vida cada uno acabó tomando un derrotero diferente. Ahora, en el otoño de sus existencias iban a reencontrarse tras haber contactado virtualmente en Facebook, la gran fábrica de mentiras. ¡Quién sabía! Quizás, tuvieran ocasión de retomarlo donde lo habían dejado hacía ya tantos lustros…

Un frisby desorientado, estrellándose contra su coronilla le sacó violentamente de sus pensamientos. Jorge, conmocionado, giró la cabeza mientras se la rascaba buscando a su agresor pero una mole flácida y celulítica con cara de mujer sustentada en dos gruesas y uniformes columnas a modo de piernas, le tapaba todo el campo de visión. Un más que osado bikini talla XXL sostenía a duras penas sus desbordantes lorzas. Devoraba con fruición un grasiento bocadillo de panceta y dos hilillos de pringue se deslizaban despacio desde la comisura de sus labios. La sorpresa inicial de Jorge se transformó en decepción cuando creyó adivinar, tras aquella abotargada cara de la que colgaba una gran papada, un rostro vagamente familiar.

–       ¿Mar….ta? – Consiguió balbucear – ¿Eres tú?

La mujer, al cabo de un tiempo, reconoció a Jorge.

–       ¡Jorge, por Dios! – Exclamó Marta escupiendo involuntariamente unas migas de pan con panceta – Estás…estás ¡Cómo estás! ¿Pero qué te ha ocurrido?

–       ¡No te jode! Pues anda que tú…– replicó él visiblemente molesto, herido en su orgullo  – ¿y a ti? ¿qué te ha pasado a ti?

Tras un primer minuto de shock, se calmaron, se inspeccionaron de arriba abajo, haciendo un exhaustivo inventario de desperfectos, se lamentaron de lo cruel que podía llegar a ser el paso del tiempo, y, finalmente, con mentalidad pragmática se conformaron con lo que había, aunque no fuera mucho. Ambos, con un secreto y desesperado deseo de recuperar tiempos mejores, comprendieron, rieron, se dieron la mano y disfrutaron de un largo paseo a lo largo de la orilla.

¡Menos da una piedra!

 

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5 respuestas a ¡MENOS DA UNA PIEDRA!

  1. bypils dijo:

    : – )
    No sé si una mujer se calma en un minuto…
    NB :Genial la marca -calcetín. ; – )

  2. cmacarro dijo:

    Je,je. Cuando la desesperación acecha una mujer, como un hombre, se calma en menos incluso.
    Gracias, maja.

  3. Angelika BC dijo:

    Como el tiempo es cruel inventaron los espejos. Esos malditos artefactos diabólicos. Me corroe una duda … ¿y el frisby, quién lo tiró?

  4. cmacarro dijo:

    El frisby lo tiró el niño que siempre está dando por culo en la playa, más conocido como “El puto niño”

  5. Nieves dijo:

    Que relato tan real y triste… Asco de vida pero menos da una piedra. Un besazo poseso.

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